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Nº44 Primavera 2006
 
 
 
Mijas
Desde mi rincón. Manuel Alcántara
 
Maneras de mirar
Manuel Alcántara
Manuel Alcántara

Es verdad que él siempre está “volviendo a empezar”, renovando sus tareas azules. Lo que ocurre es que, aunque el mar sea siempre el mismo, cambian los ojos con los que lo vemos. A falta de otros records, tengo la plusmarca de contemplar gaviotas. ¿Cuántas laboriosas horas de mi vida habré pasado sin hacer absolutamente nada más que mirar el mar? Lo que sucede es que, de un tiempo a esta parte, lo veo de otra manera. Antes recordaba versos y ahora cifras.

Sí. Antes a Ulises no me lo imaginaba como a un enlutado asistente a un entierro submarino, ni los albatros se parecían a los cuervos. Cuando miraba el mar acudían a mi memoria endecasílabos.

La voluntad de Dios por grillos tienes
y escrita en la arena, ley te humilla
y por besarla llegas a la orilla,
mar obediente, a fuerza de vaivenes.

En vez de palabras mayores de Quevedo comparecen en la insurgente memoria cantidades, datos, estadísticas fúnebres. No hay forma de mirar al mar y recordar a Alberti, que le llamó “flor sacudida, estrella revolcada”, o al padre Rubén, que escuchaba un “tropel de tropeles de tritones”. Ahora lo que, en ves de recordar, que es siempre involuntario, lo que me es imposible es olvidar que hay unos 10.000 inmigrantes que esperan en Sáhara y Mauritania el momento para llegar a nuestras islas Canarias y que otros muchos intentan la travesía en patera desde Guinea Bisau, que está a 2.000 kilómetros.

Marruecos sigue resistiéndose a readmitir a irregulares subsaharianos, pero lo irregular es la situación. Los más desdichados se quedan en el trayecto, otros son rescatados a la deriva y los que tienen más suerte se quedan con nosotros, trabajando en labores que los nativos no estamos dispuestos a realizar. El mar indiferente no tiene la culpa de nada, pero ya no puedo mirarlo desde mi terraza como lo miraba antes porque lo veo de otra manera. Como si fuera el culpable.

 
 
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