| En primer lugar, enhorabuena por el ascenso, ¿pensaste al comenzar la
temporada que llegaría a la primera, que sería tan relativamente fácil?
Ha sido una temporada redonda pero fácil no. Yo sabía que el equipo sería
competitivo y que íbamos a estar luchando en los puesto de arriba. La verdad
es que el equipo se ha entregado en cuerpo y alma y hemos demostrado
estar por encima de otros equipos que sobre el papel eran superiores a nosotros
por nombre.
Su estreno como entrenador no ha podido ser más exitoso, ¿le ha resultado
fácil la transición que ha vivido de jugador a entrenador en tan poco tiempo?
Difícil. Lo cierto es que pasar a entrenar inmediatamente me ha ayudado a no
tener ese mono que tienen otros profesionales al dejarlo. De todas formas,
el rol de entrenador es muy diferente al de jugador. Cuando juegas piensas
mucho más en ti o en el compañero que tienes al lado en la cancha. Cuando
eres entrenador piensas más en el grupo, en los 16 hombres que conforman
el equipo. Es muy complicado porque no puedes dar gusto a todos. Da lugar
a situaciones muy complejas y comprometidas. Para lo bueno y para lo malo,
siendo entrenador se vive todo con mayor intensidad.
¿No le han dado ganas de salir al parqué en más de un partido?
(Sonríe) Hombre, alguna vez piensas, ¿qué hubiera hecho yo en esa
situación? Es inevitable. Pero ya he cambiado el chip. Cada jugador tiene
unas características determinadas y yo intento sacar el mayor rendimiento
de cada uno, tanto en el plano individual como en el colectivo.
¿Es un plus añadido para un entrenador haber sido antes jugador?
Creo que puede ser muy positivo. Tienes más vivencias en ciertas situaciones
y puedes llegar a comprender mejor a los jugadores.
¿Cómo se definiría como entrenador?
Soy disciplinado hasta un límite. Me gusta dar libertad a los jugadores
pero sin pasarse. Cuando tengo que echar broncas, las echo. Yo he estado
sujeto a una disciplina interna mucho más rígida de la que se ha exigido
aquí. No me meto en la vida de los jugadores pero pido máxima seriedad
y entrega en los entrenamientos y en los partidos. Más que disciplina me
gusta hablar de orden, empezando por el cuerpo técnico.
Este éxito deportivo devuelve a la provincia de Málaga a la elite del balonmano
nacional, que es decir la mejor liga del mundo. ¿Mantener la categoría
será la prioridad?
Sin duda. Eso ya sería un éxito. Si luego suena la flauta y podemos aspirar
a algo más, pues bienvenido sea. Las dos siguientes temporadas serán
fundamentales para consolidar el equipo en la Asobal.
La temporada próxima pasarán por aquí algunos de los mejores
jugadores del mundo. Ciudad Real, Portland San Antonio y Barça son
en estos momentos los gallitos de la categoría. ¿Está muy desnivelada
la competición?
Hay seis equipos que juegan otra liga: Barcelona, Ciudad Real, Portland,
Valladolid, León y CAI. Nosotros tendremos que pelearnos con el resto,
amarrar todos los puntos que podamos en casa y robar lo que nos dejen
fuera. La presión del público será fundamental para dar alguna sorpresa.
¿Podría ser el Antequera el Villarreal del balonmano en un futuro?
Ojalá. Consolidando los apoyos y el equipo no es ninguna utopía.
¿Qué va a significar para una ciudad como Antequera tener un equipo en
la liga Asobal?
Muy importante. La afición está volcada y espero que muchos se
apunten al carro del ascenso para disfrutar la temporada que viene
del mejor balonmano.
Usted se formó en el mítico club Maristas de Málaga. ¿Por qué cree que
no se consolidó este proyecto en la elite?
Entré con 8 años y me fui con 24. No cuajó porque nuestro esponsor,
Puleva, presentó suspensión de pagos y nuestro presidente, que fue el
gran artífice de que el balonmano malagueño llegara donde llegó, murió
repentinamente.
Una pena porque no fue un problema de afición.
Para nada. Un año metimos miedo al baloncesto porque llenábamos el
pabellón de Carranque. No cabía un alfiler. Esperemos que algún día vuelva
a haber un proyecto serio de balonmano en la capital. Pero en estos momentos nuestro objetivo es que Antequera sea por muchos años la
cabeza visible del balonmano malagueño.
Ahora le toca el complicado deber de rehacer el equipo para ser competitivo
en la Liga Asobal. Está claro que es una necesidad pero ¿no es algo injusto
y contradictorio que los que celebran un ascenso estén firmando su salida
del equipo?
Ya, pero es que ésto es deporte profesional. Es así de ingrato a veces. Pase lo
que pase, el triunfo es de todos, también de los que no van a seguir, eso no se
lo quitará nadie. Desgraciadamente, es otra categoría, otros condicionantes y
el equipo necesita más centímetros y más peso.
Usted es posiblemente el deportista andaluz más laureado de la historia: 5
copas de Europa, 6 ligas Asobal, un bronce Olímpico, etc, etc, etc. ¿Se siente
reconocido en su tierra?
Hombre, sí, pero es sólo algo anecdótico. También es verdad que si hubiera
sido futbolista, sería la ostia. Pero no me quejo. He recibido mis homenajes
y soy un privilegiado porque he podido dedicarme a lo que más me gusta
en el mundo. Lo títulos están ahí y son para mí, junto a mis recuerdos y
mis vivencias.
Una de las condiciones que usted puso a sus jugadores es que viviesen físicamente
en Antequera. Quería una identificación total con la ciudad, con la
afición, ¿cree que ha sido esta una de las claves del éxito?
No fue exactamente una de las condiciones. Lo que pasa es que cuando
traes nuevos fichajes y negocias el contrato, hay personas que también
pactan una vivienda. Nosotros aprovechamos para decirles: ¿Quieres una
casa? Vale, pero tiene que ser en Antequera. Eso ha sido fundamental para
que la afición se implique más con el equipo. El año pasado entrenaban
sólo una vez a la semana aquí y venían a jugar los partidos. Esta temporada
hemos entrenado siempre aquí y la mitad de la plantilla y del cuerpo técnico
viven en Antequera.
Hábleme un poco del 1er Campus de Balonmano Antonio Carlos Ortega,¿cómo nace este proyecto?
Yo ya había hecho tres Campus anteriormente en Málaga, en la Universidad
Laboral. Pero dejé de hacerlo por cansancio, mental y físico. Este año vi de
nuevo la oportunidad de hacer algo bonito y ahí estamos. Queremos un Campus
que no sea masivo, donde los chavales tomen conciencia del deporte, del
trabajo, de la higiene. Intentaremos traer alguna figura en activo del balonmano.
Además las instalaciones son magníficas, el Ceulaj de Mollina, y las fechas
son las idóneas.
Ya sé que me va a decir que es muy, muy pronto para ni siquiera pensarlo
pero ¿se ve algún día entrenando al Barça o la selección?
Eso sí que es una utopía. A día de hoy para mí es impensable. Hay diez mil
entrenadores que han demostrado más que yo. Que por haber sido del Barça
puede tener la puerta abierta en un momento dado, pues sí que es cierto. Pero
vamos, ni me lo planteo.
+Info Campus Antonio C. Ortega: Tel.: 952 38 09 39. www.injuve.mtas.es
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