| Es la única ermita en el mundo pintada por un único artista. 1.150 metros cuadrados de frescos (300 más que la Capilla Sixtina de Miguel Ángel) que recrean alegóricamente el entorno de la ermita de los Remedios. La fuerza sobrehumana capaz de afrontar tamaño reto ha sido la fe.
Queda ya lejos el 2 de agosto de 1994, cuando Evaristo Guerra se presentó ante el obispo de Málaga con unos bocetos. “Desde el principio gustó mi proyecto, sobre todo mi idea de pintar los antiguos oficios que existían en mi pueblo”.
En el verano de 1996 comenzó el desafío. Durante los sietes años siguientes, Evaristo dedicó la temporada estival a la ermita. “Hubo un tiempo en el que estaba tan desesperado que incluso le pedí a la Virgen que me diese salud para terminarlo y al menos un mes para disfrutarlo; pero ahora espero que no se lo tome al pie de la letra”, afi rma con sorna el artista.
Tras no pocas gestiones, Evaristo logró el apoyo de Turismo Andaluz, la Fundación Málaga, Cajamar y el Ayuntamiento de Vélez- Málaga, organismo este último que mostró su compromiso con el proyecto desde el principio. Así, desde 2003, el pintor ha estado trabajando en el santuario unos ocho meses anuales. “En un año adelanté lo que hubiera hecho en tres”, asegura agradecido. “Sin este apoyo no hubiera podido acabar”. Tampoco, dice, sería una realidad abrumadoramente visible “sin la paciencia de mi mujer y de mi familia”.
Evaristo, con sus murales, ha logrado saldar una cuenta pendiente con el pasado: “Yo hice aquí la primera comunión. Fui el único niño del pueblo que la celebré en la ermita, además con un traje prestado. Me acuerdo que vine llorando porque yo la quería hacer en la iglesia de San Juan con los demás chavales”.
La química entre el santuario y el artista ha sido total: “la ermita me hablaba, me iba pidiendo cosas. Si ahora mismo miramos los primeros bocetos que presenté al obispo de Málaga, se podrá ver que el concepto general se han mantenido aunque he realizado cambios a medida de que avanzaba sobre las paredes”.
Si algo caracteriza a Evaristo Guerra es su insistente y sincera gratitud: “Cuando he creído desfallecer, cuando me han faltado las fuerzas anímicas o físicas, me ha ayudado mucho el impulso vital de la gente que venía por aquí”. Para el artista, “un cuadro puede acabar contigo, puede cogerte del cuello y ahogarte. Hay mucha gente que dice que la pintura le relaja pero a mí no me relaja nada. Me pone en tensión, me hace sentir vivo, pero también me hace responsable de mi creación”.
A falta de unos pequeños flecos (el autorretrato del pintor en un lienzo de pared, entre otros leves retoques) la descomunal obra mural de Evaristo Guerra está finalizada.
El vivo cromatismo de paredes y techos nos sumerge en el simbólico universo naïf de Evaristo. Los colores dorados, azules, verdes, morados… iluminan el interior de la ermita hasta el punto de fundirse y confundirse con la luz natural que entra por los ventanales.
La Virgen, desde su camarín, contempla las nevadas cumbres de Sierra Tejeda y el descenso por los fértiles campos de la vega de Vélez hasta su desembocadura en la bahía de Torre del Mar. El paisaje externo está aquí internamente soñado, plasmado. Una ilusión mágica creada por este pintor-poeta que decidió adornar este bucólico entorno con los ofi cios que vio desde niño, hoy casi desaparecidos: el alfarero, el espartero, el olivarero, la churrera, el panadero (representado por él mismo de adolescente ya que su padre trabajaba en un obrador), el recolector de caña de azúcar…
Arriba, en la parte superior, cerca ya de los cielos de techo, Evaristo ha ilustrado diversas escenas de la vida de la Virgen María.
Inauguración Real
La ilusión de Evaristo Guerra es que su obra fuera inaugurada por Su Majestad la Reina Doña Sofía “ya que ha demostrado plenamente su amor por el arte”. Para el pintor, “han sido muchos años de dedicación y esfuerzo y creo que lo merece”, por lo que espera que la Casa Real “pueda encontrar un hueco, sea antes o después”.
Evaristo confiesa que el primer sorprendido cuando quitaron los andamios fue él mismo. “No me lo podía creer. Estaba tan enfrascado en mi trabajo que no tenía perspectiva, no lo visualizaba en su verdadera dimensión”.
Cuando uno acaba una obra de esta envergadura las sensaciones son múltiples pero, según él, “ni es de plenitud ni de vacío”. En realidad, “si no llega a ser por Humberto García del Corral (del ayuntamiento de Vélez- Málaga), que me quitó los andamios, aún seguiría liado”. Hay que tener en cuenta que ha sido un proceso que ha durado más de dos lustros “y en ese tiempo las personas cambian, la visión de las cosas también y siempre tenía la tentación de retocar aquí o allí”. Para Evaristo Guerra “una obra se firma porque hay que firmarla, no porque uno piense que está acabada. Esa duda siempre está dentro de mí”.
El pintor veleño ve realizado al fin “el sueño de dejar a la Virgen de los Remedios este legado. Un legado que también quiero que sea para todos los habitantes Vélez. Espero que lo cuiden y lo protejan como algo suyo, por siempre”.
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El artista veleño posa junto a la ermita de los Remedios.

Los muros de la ermita traslucen el paisaje exterior: la montaña, el valle, la costa... Arriba, el pintor acaricia el retrato de su mujer, pieza clave en el largo desarrollo de la obra.

Del suelo al techo y del cielo a la tierra, Evaristo ha recreado un universo idealizado de paisajes, oficios y costumbres.

Arriba, el pintor Evaristo Guerra señala una de las pocas figuras que aun le quedan inconclusas: su propio autorretrato.
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