| ¿Cómo surgió la idea de mostrar estas esculturas en La Concepción?
Llevábamos algún tiempo con la intención de exponer aquí en Málaga.
Al fi nal nos llamaron de La Concepción y nos ofrecieron esta oportunidad.
Ha sido de esas ocasiones que sin mover un sólo hilo, la vida te las
presenta sin más. Ha sido muy especial porque era la primera vez que
exponía monográfi camente sus piezas aquí.
Llamaba poderosamente la atención la forma en que se integró la fauna
escultórica de Guillermo con en el entorno.
En este jardín, al igual que pasa por ejemplo en Noruega, dónde hemos
ido tanto, la naturaleza es la que manda. Gracias a sus dimensiones, La
Concepción nos transmite muchas sensaciones, nos recuerda el paraíso
que pudo haber sido esta zona hace siglos. La naturaleza es uno de los
componentes esenciales en la obra de mi padre, de ahí que afl orara tan
bien esa integración.
Las obras de Guillermo están repartidas por todo el mundo (Nueva
York, Santiago de Chile, Montreal, Jerusalén…), ¿han pensado reunir sus
obras en un museo monográfico?
La idea que barajamos hace tiempo es crear aquí mismo una casa-museo.
En la palabra museo está signifi cada su obra pero en la palabra casa
está descrita una forma de vivir, de comer...
La ley de causa-efecto que rige el mundo inició a Guillermo Silva “en la
conciencia de la reencarnación”. Desde sus comienzos, los motivos medievales
estuvieron muy presentes en sus pinturas. Nunca supo dar respuesta a esta
atracción hasta que alguien, sin saber su trayectoria, traslució que había sido un
caballero andante en otra vida anterior. “Fíjense ahora, -señala sonriente Juanes
enteramente Don Quijote”.
La India cambió la vida y la obra de Guillermo.
Por completo. Mira, la familia de mi padre se dividía en dos, una era rica
y otra pobre. La rica era dueña de la plaza de toros de Santa María, en
Bogotá. Allí mi padre quedó impactado ante tanto dolor, se tapaba los
ojos para no ver aquel sufrimiento. Un familiar suyo le decía “abre los
ojos y aprende a ser un hombre”. Aquella frase le marcó durante mucho
tiempo ya que su pregunta vital era “¿qué es ser un hombre?”. 50 años
después, yendo en coche por La India, se encontró a un sabio sentado,
junto a un camino. Mi padre paró, se bajó del coche y comprendió
“ésto es ser un hombre”. La enseñanza es que para todo necesitamos
una referencia, algo que nos guíe. Para él, la referencia es la naturaleza.
Eso lo aprendió en La India y lo reafirmó en Noruega.
Según tengo entendido, allí entró en contacto con el Ser Supremo,
¿hablamos de un Dios creador?, y si es así, ¿cómo se establece esa relación
entre “creadores”, uno del universo que conocemos y otro de un
universo onírico habitado por seres imaginarios?
Mira, mi padre tuvo una revelación al experimentar la muerte. Estuvo
muy cerca de ella. Aquello le cambió su manera de ver la vida y su forma
de entender la muerte. Para él, el Ser Supremo es el único creador y
el artista sólo un instrumento canalizador.
Mi imagino, entonces, que el proceso creativo dependerá fundamentalmente
de la “inspiración divina”?, por decirlo de alguna manera.
No sabe de dónde viene pero cuando llega, le crea una angustia tal que
no puede parar hasta verlo acabado, se convierte en una obsesión. Esa
inspiración puede llegarle a las cuatro de la mañana, ya sea un cuadro o
una poesía. Es muy instintivo, se mueve por impulsos.
¿Por qué escoge Málaga para vivir, qué encuentra aquí para asentarse?
Málaga tiene una energía muy especial, aunque cada vez está más camufl
ada. Mi padre estaba buscando un lugar cálido. Los grabados se vendían
muy bien en aquella época en EE.UU. y andábamos sin problemas económicos
de acá para allá. Estuvimos en Italia, la Costa Brava, Barcelona,
el sur de Portugal. Vivimos seis meses en Nerja y luego alquilamos una
casa en el Limonar, en Málaga. Justo cuando también nos íbamos a ir de
aquí, vino un hombre a decirnos que iban a abrir un centro de yoga en
Churriana. Eso le decidió a mi padre a quedarse.
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