| Dos cartógrafos amorosos, periodistas de pura raza, Agustín Lomeña y Juan
Gaitán , h a n emprendido la sagrada tarea de honrar a su madre patria
chica. Se h abla de que la esencia de las ciudades está en el cambio. Borges
dice que él nació en u n a "que también se llamaba Buenos Aires", pero
cualquier paisano de mi edad puede decir que vino al mu ndo en u n sitio
que también se llamaba Málaga. Es nuestra ciudad la que más ha cambiado en
los últimos tiempos, pero no sólo eso: es la que más va a cambiar en los tiempos
venideros. Hay algu n as cosas que ya están al caer y que va n a caernos muy bien a
todos. Espero que no se me h aga tarde para ver algu nos de los sa ntos lugares de mi
remota niñez recuperados y remozados: los Baños del Carmen, donde a los niños
nos ponían u n a cintura de corcho; el puerto, con su agua reclusa, irisada de restos
de gasoil tembloroso, color de buche de paloma; el hotel Miramar, al que se le hará
justicia histórica cua ndo se traslade el Palacio de Justicia.
Recordar, etimológicamente, es volver a pasar por el corazón , y yo recuerdo, no
sin que el corazón me duela, que en u n a época existió u na cierta tendencia a confu ndir
lo típico con lo coch ambroso. Se editaba n postales "costumbristas" donde aparecía u n a
mujer mayor lleva ndo u n cántaro en la cabeza por u na cuesta empin ada y pedregosa.
"Rincón típico", se leía en la satinada cartulin a viajera. También hicimos del cenachero
u n emblema de la ciudad, siendo un monumento a la esclavitud laboral. Un
pescador con el torso desnudo que pregon aba su laboriosa mercadería de níqueles y
sombras por las bocacalles. Quizá hubiera estado mejor convertir en distintivo a la
Farola, que es el único alfil de luces de nuestros puertos con nombre femenino.
Pues bien , todo eso empezó a ser distinto gracias a que se supo recuperar la
melodía de nuestro tiempo. El milagro se produjo a nivel del mar y hubo muchos
panes y muchos peces. Se cumplió la profecía de mi amigo Pepe Salas Guirior, que
h abía dicho que Málaga estaba llamada a ser "La h amaca de Europa". El turismo nos
descubrió que las suecas tenía n ombligo y empezamos a ser el ombligo del mu ndo,
la tierra de promisión de viejos jubilados y de jóvenes libres. La tra n sformación tuvo
motores - Torremolinos, Marb ella - y vimos de pronto a japoneses comiendo pipirra
n a y en saladilla de pimientos asados con ch a nquetes, esos pespu ntes que atan el
rebalaje con el horizonte.
De esa transformación gloriosa da n cuenta y razón Agustín y Jua n , historiadores
de u n pasado que h a n vivido cua ndo todavía estaba pasa ndo. En este libro se
relatan , no sólo acontecimientos, sino lugares y person as y avatares y costumbres.
Nuestra acreditada hospitalidad hizo lo demás y si nos detenemos en la relación de
huéspedes reparamos en que se parece mucho a la Guía de Teléfonos de Hollywood.
Por aquí ha pasado y sigue pasa ndo medio mu ndo, al darse cuenta de que no h ay
en el mu ndo sitios como este. "Geografía es amor", dijo u n poeta. También pueden
decirlo los autores de este libro*
* El libro "Reencontra ndo la Costa
del Sol", obra de Juan Gaitán y
Agustín Lomeña, h a sido publicada
por la editorial Lunwerg.
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