| Ahora que tanto se habla de la crisis
y de la voluble conducta del dinero,
quizá sea un buen momento
para agradecerle al mar que se siga
comportando como siempre.
Al
Mediterráneo le trae sin cuidado el Ibex. Además,
como nunca ha hipotecado sus olas hereditarias, no
le tiene miedo al futuro. Quizá sospeche que sus
bañistas de este año, salvo los niños que insisten en
meterlo entero en sus cubos de plástico, están más
preocupados que los del año anterior, cuando todos
nos creíamos ricos y nos dio por hacer castillos de
arena sobre el asfalto, lejos de la orilla.
El mar está abierto a todas horas y, excepto
en las playas nudistas, jamás reserva el derecho
de admisión. Nunca ponderamos suficientemente
que bañarse en el mar sea gratuito. ¿De qué otras
cosas puede decirse lo mismo? "Cuesta dinero hasta
respirar", suele decir la gente y no le falta razón.
Lo
que le faltan son calles tranquilas, sin ruidos y sin
sobresaltos, pero no se sabe bien por qué, consideramos
que todo lo que no tenga un precio y esté
por lo tanto al alcance de los bolsillos de cualquiera
no debe ser apreciado. Algo de lo que ya se dio
cuenta don Antonio Machado cuando nos advirtió
de que "todo necio confunde valor y precio".
L a crisis económica, que empezó llamándose
"desaceleración" y quizá termine por denominarse
"hecatombe", nos está sumergiendo en un océano
de pesimismo. No sabemos cuándo va a terminar,
pero estar en un mar de dudas no debe impedirnos
disfrutar del mar de siempre. Así como sube medio
grado la temperatura cada vez que decimos eso de
"qué calor hace", aumentan las dificultades económicas
cuando las enumeramos. Hay situaciones
donde no es prudente decir "pelillos a la mar", pero
sí aprender de él a estar siempre "volviendo a empezar".
Y abiertos a toda esperanza.
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