Tras caer Córdoba bajo dominio sarraceno,
la basílica visigótica de San Vicente,
que había sido el templo cristiano más importante
de la ciudad andaluza desde el siglo V, fue destruida
para levantar en su lugar una gran mezquita. Según
una versión sucinta del relato tradicional, la mezquita de
Córdoba habría sido iniciada bajo el reinado del primer
emir omeya, Abderramán I, entre el 780 y el 785, sobre la
planta de la iglesia cristiana, cambiando eso sí la orientación
de su eje. Sufrió sucesivas ampliaciones y modificaciones en los siglos IX
y X y fue concluida bajo el mandato del mítico Almanzor.
La más importante de las ampliaciones la llevó a cabo el califa
Alhakén II, a la que pertenecen los arcos del mihrab. En estos arcos se
puede ver la célebre evolución de la construcción: las columnas visigodas
con sus arcos de herradura les resultaron demasiado bajos a los musulmanes
por lo que decidieron añadir pilares y disponer arcos policromados
más altos sin derribar los anteriores. El resultado es un inmenso bosque
de 856 columnas (llegó a tener más de 1.000) coronado de doble arquería
que recuerda a un palmeral. Fue lugar de reuniones a la vez religiosas
y políticas pues podía albergar hasta veinte mil personas.
Este primer edificio consta de once naves longitudinales orientadas
hacia el río Guadalquivir. El conjunto se cierra con el muro de la qibla,
que a diferencia del resto de mezquitas musulmanas no está orientado hacia
La Meca sino hacia el sur, un hecho que ha levantado diversas teorías,
y que van desde la inexperiencia y el error en el cálculo, hasta la pura
intencionalidad política tras la proclamación de la independencia política
de Damasco del emirato corbobés.
LA CATEDRAL DE CÓRDOBA
Tras la conquista de Córdoba en 1236, la mezquita se convirtió de nuevo
en templo cristiano, sufriendo diversas alteraciones que acabarían
configurando la actual catedral. Durante toda la Baja Edad Media se
adaptó el culto y la liturgia cristiana a los espacios islámicos con algunos
acomodos. En primer lugar, la capilla mayor fue situada bajo uno de los
lucernarios aunque sin provocar daños arquitectónicos. Asimismo, la
magnificencia del edificio determinó que el ámbito de mayor esplendor, la
macsura y el mihrab, no fueran tocados ni destruidos. Sin embargo, con
el paso de los siglos, la mezquita precisó una mayor dignificación cristiana,
realizándose a finales del siglo XV una catedral de nave gótica donde
estaba la antigua capilla del siglo XIII.
La mayor quiebra del edificio islámico se va a producir a lo largo del
siglo XVI, pues en el epicentro de la mezquita se levantó una gran catedral
sobre los cimientos artísticos y arquitectónicos del Renacimiento. La
propuesta, en un principio, fue bastante polémica y estuvo sujeta a duros
enfrentamientos entre los diferentes próceres. De tal modo que el propio
Concejo de la ciudad promulgó una circular impidiendo la participación
ciudadana en la nueva obra, estableciendo incluso la pena de muerte a
quien trabajara en ella. Finalmente intercedió el mismísimo emperador
Carlos V para que se ejecutara la obra, aunque más tarde se lamentara,
como recogió J. B. Alderete, con la famosa frase: "Habéis destruido lo
que era único en el mundo, y habéis puesto en su lugar lo que se puede
ver en todas partes".
Tras esta gran reforma del siglo XVI, la mezquita de Córdoba solamente
recibirá aditamentos menores y complementos de liturgia. A pesar
de los avatares de los siglos, la mezquita pervive en su esencia islámica,
con la majestuosa singularidad de sus elementos básicos. No obstante,
es innegable que se trata de un híbrido arquitectónico que sintetiza en
buena parte los valores artísticos de Oriente y Occidente. Desde esa
perspectiva, la mezquita-catedral cordobesa representa una síntesis de la
historia de España.
+INFORMACIÓN:
www.mezquitadecordoba.org www.andalucia.org |
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