La grandiosa esfera incandescente que da nombre, por su perpetua presencia, a la costa
de Málaga, ha sido descrita en múltiples ocasiones como un temible monstruo de zarpas
ultravioletas. Pero lejos de ser una luminosa amenaza, nuestra mesura al recibir sus rayos,
convierten al astro rey en un manantial de salud y en un amable compañero que pigmentará
nuestra piel siempre que la precaución sea el principal baluarte de esta cálida relación.
A unos 149.500 millones de kilómetros gravita una de
las s100.000 millones de estrellas de la Vía Láctea. El
Sol mantiene la vida en nuestro planeta al lanzar sus
tentáculos de luz a 299.793 kilómetros por segundo.
La Tierra es la niña mimada de su giratoria familia, un
caluroso trato que ha hecho posible que en este pequeño globo
azul habiten millones de seres vivos. La perfecta conjunción de luz
y oxígeno detonó el milagro.
Todas las civilizaciones han adorado, divinizado y temido al
Sol, incluso han matado por él. El egipcio Ra, el Helios griego o
el Samas babilónico. El "dador de origen, del crecimiento y del
alimento de todos los seres", describió Platón en su República.
"Eterno, invencible, augusto y santísimo", sacralizaron otros. Pero
los modos han cambiado, y ahora lo adoramos para que nos dore,
dejándonos la piel en dicho sacrificio.
Rayos benéficos
"Después dijo Dios: Haya luminares en el firmamento que separen
el día de la noche, sirvan de signos para distinguir las estaciones,
los días y los años y luzcan en el firmamento del cielo para
iluminar la Tierra. (...) Y vio Dios que esto era bueno: Día cuarto".
Génesis (1, 14-20)
Esa luz colgada de la bóveda celeste, que emerge en oriente y
expira en occidente, es un potentísimo astro de corazón radiactivo.
No podemos obviar sus peligros, pero también debemos destacar
sus sanas virtudes, que son muchas. Desde un punto de vista
estrictamente médico, sus cualidades son enormes, aunque no nos
percatemos de su acción*.
La labor terapéutica del Sol se admiraba hace años de una
manea más definida en enfermedades como el raquitismo, que
atacaba con especial virulencia a los niños.
Los rayos solares, al contener vitamina D, suministran calcio al
organismo y sirven de apoyo a la curación de múltiples enfermedades
óseas. El avance de la llamada medicina alternativa ha
abierto nuevos campos. La climatoterapia es uno de ellos. Del feliz
matrimonio del mar y el Sol nace el vapor de agua que influye
de manera positiva en la respiración: ensancha la amplitud de las
inspiraciones, mejora los intercambios gaseosos en los pulmones y,
como consecuencia, relaja la circulación sanguínea. Al mismo tiempo,
la climatoterapia ha demostrado que un paseo junto al mar es
un magnífico aperitivo ya que estimula el trabajo digestivo.
El Sol no sólo es capaz de barnizarnos, también es un maravilloso
ungüento que nos fortaleza físicamente cuando nuestro
mecanismo más lo necesita.
Bien tostado
El bronceado es en realidad un filtro de protección contra los
rayos ultravioletas con nombre de diosa griega: melanina. Es obvio
que la incidencia del Sol sobre la piel varía según el tipo de epidermis
de cada individuo. Por eso, es necesario saber, antes de imitar
los hábitos de los lagartos, a qué grupo pertenecemos para elegir
correctamente el protector que necesita nuestro frágil envoltorio.
Previo a enfrentarnos cara a cara con los rayos solares,
debemos discernir qué escudos vamos a utilizar. Si vamos bien
armados, el duelo al Sol puede terminar con una victoria nuestra,
antes incluso de tumbarnos frente a él. Su fuerza es mayor que
la nuestra (es toda una estrella), así que el requisito indispensable
es reconocer nuestras limitaciones. Un individuo que pertenezca al grupo primero, por ejemplo, no podrá nunca adquirir un
moreno intenso porque se despellejará en el intento.
Los dermatólogos distinguen cuatro grupos de pieles:
+ Hipersensibles: Tienen la piel muy clara y los ojos muy claros. El
cabello es rubio o pelirrojo. Deben aplicarse la máxima protección
(factor 20 o pantalla total los primeros días y 10 los siguientes), ya
que las quemaduras pueden ser intensas. Raramente se broncean
debido a que sólo llegan a alcanzar un color sonrosado.
+ Sensibles: También muy blanca, con algunas pecas. El color del
pelo suele ser rubio o castaño claro y los ojos azules, verdes o
grises. Pueden broncearse pero el riesgo de quemaduras es elevado
ya que su protección natural es débil. Requieren cremas medias (un
factor del 15 al 12 para empezar, sin bajar nunca del 8 ó 6) .
+ Normales: Pertenecen a esta clasificación los individuos con el
pelo rubio oscuro, castaño o moreno. El color de ojos es a menudo
marrón o gris. Aunque su piel quede ligeramente dorada, no
deben bajar la guardia (factor 10 los primeros días, después 6 ó 4).
+ Poco sensibles: La llamada piel mediterránea. El color del pelo
es castaño oscuro o negro, al igual que los ojos. La piel se broncea
con una intensa facilidad. Rara vez se queman pero es aconsejable
ir con cautela (factor 6 al principio, luego quizá 4 ó 2).
El siguiente paso es seleccionar el bronceador con el cual
debemos embadurnarnos. Varias propiedades son esenciales en
cualquier crema de este tipo:
1. Filtrar los rayos UVB (que queman la dermis) y los UVA (que
aceleran la vejez de la piel).
2. Estimular la melanina para potenciar el bronceado.
3. Hidratar y nutrir para prevenir las arrugas.
4. Ser resistente al agua.
5. Como exigencias secundarias, que no manche la ropa y que
incorpore algún perfume.
Ya con la toalla a medio hombro y la crema solar en ristre,
queda por conocer las horas más adecuadas para tostarnos sin
ningún problema. Los médicos advierten que entre las 12 de la
mañana y las 3 de la tarde el peligro es máximo. Los rayos caen
perpendiculares y será complicado desarrollar una buena defensa.
Antes de las 11 de la mañana o partir de las 5 de la tarde, el reloj
solar estará de nuestro lado, pigmentando con delicada suavidad
nuestros extendidos cuerpos.
Por último, existen otros aspectos que han de acompañar
a las anteriores sugerencias para lograr optimizar los resultados:
beber mucho líquido, antes y después; comer gran cantidad de
fruta, por su alto contenido en agua y vitaminas; resguardar zonas
corporales más concretas como labios, contorno de ojos, pechos,
manos y pies y darse de vez en cuando un baño o una ducha
fresca para evitar las insolaciones.
Costa antiestrés
Muchos son los remedios para eliminar el estrés de nuestras vidas.
Elegir la mezcla de sol, playa y mar es una de ellas. Este atractivo
antídoto convierte a la Costa del Sol en una de las medicinas más
efectivas capaces de sanar estas patologías.
Los datos, respecto a la función del Sol como uno de los
principales componentes de esta pócima mágica, son bastante
elocuentes: mientras que en invierno se sufren un 30% más de
depresiones, en verano las sonrisas experimentan un notable
crecimiento. Los expertos coinciden en que es el Sol uno de los
responsables de este cambio. Durante los meses más gélidos, los
días terminan antes y la luz solar reina más débilmente, como si
tuviera algún plomo fundido, lo cual se transforma en trastornos
en el estado de ánimo. La amplia gama de colores o la temperatura
visten al estío de alegría y de despreocupaciones. Es el Sol, esa
dorada sonrisa sobre la piel.
El Sol = Fuente de Salud
Favorece la eliminación del
ácido carbónico respiratorio.
+ Aumenta los glóbulos de la
sangre (sobre todo los hematíes o
glóbulos rojos).
+ Eleva la tasa de hemoglobina
y el contenido en fósforo y calcio
del plasma.
+ Provoca la vasodilatación de
las arterias de la piel al activar la
circulación periférica de la sangre.
+ Amplifica la permeabilidad de
las células de la piel.
+ Desempeña un importante
papel en la inmunización contra
numerosas enfermedades.
+ Desarrolla la musculatura
(incluso en reposo) al incrementar
la circulación sanguínea.
+ Fortalece el esqueleto ya que
ayuda a la asimilación del fósforo
y el calcio.
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Los médicos aconsejan beber líquido, comer fruta y
resguardar zonas como labios, ojos, pechos, manos y
pies cuando se toma el sol.

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